El conflicto con la creatividad (y en esencia con nuestra libertad) está mediado por la relación que hemos tenido con el grupo, la autoridad, y las creencias.

Dentro del grupo en que crecimos (escuela, familia, sociedad) había normas; unas reglas bastante inconscientes que dieron marco a nuestra personalidad y expresividad. De la misma manera también había unos códigos de comunicación definidos como "no decir lo que piensas", " no decir lo que sientes" “posponer tus deseos”, “ser evaluados”... Nuestra relación con los demás era comparativa y nuestra expresión siempre estaba mediada por un halo de normatividad y juicio. Es así como las personas terminamos por decir "Yo no soy creativo" o "Yo no sé hacer eso o aquello" cuando en realidad están diciendo "Yo no sé agradar al otro a través de mi expresión auténtica y sincera".